Llevaba tanto tiempo la idea girando en mi cabeza, que ya no estaba seguro del límite entre la fantasía y la realidad. Muchas veces desperté de noche convencido de que lo había hecho, a veces arrepentido y otras orgulloso, pero el sueño duraba lo que demoraba en bajar los pies de la cama, luego el eterno castigo. A pies descalzos bajar la escalera hasta la cocina, recalentar café, liar tabaco, salir al jardín y en cuclillas repasar el sueño, nunca calzaba el cigarro con el café, siempre uno se iba antes.
Era la época en que sentía que conocía mi futuro, lo que no significaba en absoluto algo bueno, quería decir que estaba resignado a la puta cobardía, al sino oscuro que coronaba limpio mi frente, a la mano derecha afirmando la izquierda para frenar la locura. Todo era un ciclo conocido desde hace tanto, que ya ni siquiera lo notaba, luego que pasara la melancolía vendría la conformidad, y luego un letargo oleoso que conduciría nuevamente a la esperanza inicial.
Aquella noche cambié la apuesta, todo o nada me convencí a mi mismo, con tanta fuerza que me lo creí, que olvidé el nada o nada. Tenía tantas excusas para hablarle, para forzar la partida, que extraño era pensar en ese momento que todo era tan complejo, la timidez cedía de manera extraordinaria para dar paso a la lucidez, era tan imprescindible volver a verla que cualquier recurso parecía adecuado, y ocupé la red social, el único contacto posible después de tanto tiempo, la misma red social que solo un par de meses antes estuve a punto de eliminar, sabia procrastinación me acompañaba que dejó un hilo tenso que me llevara hasta ella sin problemas.....el dejar el mensaje no fue problema, el problema era que no se podía borrar, y la valentía duró lo que dura la nieve en el agua, y los fantasmas volvieron, y con ataques mejorados, certeros, potentes, pero no, no esta noche, esta noche gobierna la osadía, y qué diablos, ya no había vuelta atrás, era mi apuesta, y los dados eran negros, como podía salir algo mal?
Ese amanecer tuvo el gusto más dulce que podía recordar, y recordar es lo mío. El mensaje llegó, y volvió con respuestas, con piezas que llenaban el enorme puzzle que cargaba, con sonrisas y púrpuras corazones, con nuevas ilusiones y tiernos presentes, ese día amaneció como nunca, ese día amaneció, ese día...
“She has wisdom and knows what do
she has me and she has you”
(Love street, The Doors)